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martes, 1 de diciembre de 2009

Dos poemas de Pedro Salinas, autor de la Generación del 27, relacionados con el comentario de Romeo y Julieta


Para vivir no quiero...

Para vivir no quiero

islas, palacios, torres.

¡Qué alegría más alta:

vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,

las señas, los retratos;

yo no te quiero así,

disfrazada de otra,

hija siempre de algo.

Te quiero pura, libre,

irreductible: tú.

Sé que cuando te llame

entre todas las gentes

del mundo,

sólo tú serás tú.

Y cuando me preguntes

quién es el que te llama,

el que te quiere suya,

enterraré los nombres,

los rótulos, la historia.

Iré rompiendo todo

lo que encima me echaron

desde antes de nacer.

Y vuelto ya al anónimo

eterno del desnudo,

de la piedra, del mundo,

te diré:

«Yo te quiero, soy yo».

¿Por qué tienes nombre tú...

¿Por qué tienes nombre tú,

día, miércoles?

¿Por qué tienes nombre tú,

tiempo, otoño?

Alegría, pena, siempre

¿por qué tenéis nombre: amor?

Si tú no tuvieras nombre,

yo no sabría qué era

ni cómo, ni cuándo. Nada.

¿Sabe el mar cómo se llama,

que es el mar? ¿Saben los vientos

sus apellidos, del Sur

y del Norte, por encima

del puro soplo que son?

Si tú no tuvieras nombre,

todo sería primero,

inicial, todo inventado

por mí,

intacto hasta el beso mío.

Gozo, amor: delicia lenta

de gozar, de amar, sin nombre.

Nombre: ¡qué puñal clavado

en medio de un pecho cándido

que sería nuestro siempre

si no fuese por su nombre!

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